Amancio Ortega y el altruismo

AGUSTÍN HIDALGO

Agustín HidalgoHay todo tipo de fundaciones, desde las totalmente altruistas hasta las que persiguen como objetivo único y último la obtención de beneficios, sin que falten las especializadas en la desviación de fondos públicos a bolsillos privados como nos ha enseñado el máster en corrupción impartido por la prensa cotidiana a fuerza de ilustrar sobre una nutrida panoplia de estrategias delictivas en la que están o han estado implicados cargos públicos y algunos partidos políticos que las han utilizado como tapadera para la recaudación de mordidas de origen variopinto. Pero, decía, hay fundaciones sin ánimo de lucro dedicadas a hacer el bien y otras, tengan o no afán de lucro, que procuran ayudar en determinadas empresas.

Sea cual sea la razón, la cuestión es que la fundación que preside Amancio Ortega, a la que nutre con parte de los beneficios de sus empresas, viene de un tiempo a esta parte donando importante cantidades de recursos de forma altruista en el apoyo a iniciativas de investigación de ámbito más o menos limitado geográficamente o, como ha sido la última, a ayudas directas para la adquisición de equipos de radioterapia de las que se beneficiarán todas las comunidades autónomas. La cesión de recursos es finalista y dedicada a la obtención de equipamiento (y no a otra cosa), por lo que los destinatarios no podrán dedicarla a otras políticas. Esto, aparentemente, no ha gustado a alguna asociación.

La acción de Amancio Ortega sobrepasa los 300 millones de euros, una cantidad estimable. Resulta que un estudio del año pasado, a la vez que se hacía eco del estado de sobreuso y próxima obsolescencia de los aparatos que se utilizan para el tratamiento radioterápico del cáncer, estimaba el coste de su renovación en unos 270 millones de euros. Es, por tanto, la oferta suficiente para la renovación de los equipos y la actuación de las estrategias de tratamiento convirtiendo al país en el más actualizado en este tipo de tratamiento, a la vez que los pacientes recibirán, de forma renovada, el mejor tratamiento posible para las enfermedades en las que esté indicada esta técnica. Debe, por tanto, ser bienvenida la iniciativa y elevar un voto porque no se quede en este gesto sino que se repita de forma periódica y porque cunda el ejemplo, bastante escaso en un país, el nuestro, en el que el altruismo se entiende en sentido inverso.

No obstante, no faltan detractores. Los malpensados de siempre piensan que lo cede para obtener unas buenas desgravaciones fiscales o algo por el estilo. Los críticos de corte más académico invocan la posibilidad de que la acción del señor Ortega venga en ayuda de los intereses de quienes pretenden el desmantelamiento de la sanidad pública y que, con gestos como este, estemos lanzando un mensaje a Rajoy y sus secuaces, de que pueden continuar con el asalto a la sanidad porque no faltarán Ortegas que vengan a paliar los desaguisados ejecutados en el sistema público de salud, aportando dinero para la adquisición de tal o cual equipamiento. Abundan, en el sentido de que esto nos aproxima cada vez más al sistema sanitario liberal de EE UU con el creciente desequilibrio asistencial y cada ver más alejados del sistema distributivo actual.

Quien dice todo esto es la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública (ADSP), empeñada en innumerables acciones nobles de pelea por mantener la sanidad pública, en campañas de ética asistencial, de promoción del compromiso institucional y de la ciudadanía con la salud personal y colectiva, y un largo etcétera. Su propuesta incluye que estas grandes empresas, en vez de ejercer la caridad, lo que deberían hacer es pagar más impuestos para que el Estado y los Gobiernos Autonómicos dispongan de recursos para ejercer sus políticas de salud, lo que no podrán hacer al ser la asignación de recursos finalista.

Aún estando de acuerdo en el fondo del asunto con la ADSP, pienso que han equivocado la intervención toda vez que se trata de una empresa que, hasta donde conocemos, no tiene problemas con el cumplimiento de sus obligaciones fiscales y lo que dedica a acciones altruistas es fruto de su acción comercial. Naturalmente que podrían modificarse las reglas del juego, pero no parece el momento más oportuno de proponerlo cuando se están ofreciendo recursos para mejorar la asistencia sanitaria. Es como proponer el rechazo de la ayuda millonaria de Bill Gates en la investigación de una vacuna para la malaria que evitaría cientos de miles de muertes anuales. Claro que podría hacerse pagar más impuestos a Microsoft, a Inditex y a tantos otros, pero mientras tanto bien venidos sean los recursos que aportan y que ni Rajoy ni la ONU ni la Unesco ni ninguna organización gubernamental han aportado a lo largo de los últimos decenios.

La ADSP se ha equivocado en el envite. Y lo saben.

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