Del cariño a la pornografía

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoYa imaginábamos que con las aportaciones irregulares a los partidos las empresas no perseguían algo tan prosaico como conseguir contratas de manera espuria. No podía ser que las comisiones del tres por ciento que pasaban por la caja de la antigua Convergencia catalana, ahora PDCat, tuvieran el pedestre objetivo de hacer negocio con las adjudicaciones públicas pasándose las normas de la libre competencia y la legalidad por el sobaco. Estaba claro que, verbigracia, los regalos que recibió de la trama Gürtel la condenada expresidenta de las Cortes Valencianas y exconsellera de Turismo, Milagrosa Martínez, eran bienintencionados.

Igual que no ocultaban ninguna añagaza mercantil inconfesable los flamantes coches que obsequió la misma banda de atracadores al exalcalde de Pozuelo Jesús Sepúlveda, a la sazón exmarido de la que fuera ministra de Sanidad Ana Mato, célebre como tantas otras esposas de capitostes y figurantes por no enterarse de nada de lo que ocurría en un entorno familiar lleno de niños que disfrutaban de viajes, cohetería y confeti gracias a las buenas relaciones de los papis.

Ni, dónde va usted a parar, las prebendillas en forma de especie que obtuvieron del entonces contratista municipal alicantino Enrique Ortiz la exalcaldesa de Alicante Sonia Castedo y su antecesor en el cargo Luis Díaz Alperi por mantenerle bien informado sobre los asuntos urbanísticos, y de otra índole, que se cocían en la ciudad. Cómo vas a rechazar el bolso de Louis Vuitton que te ofrece un amigo a cambio de nada, se preguntaría la exalcaldesa de Valencia Rita Barberá si aún anduviera entre nosotros.

¿Y cómo hacerle ascos al par de apartamentos –inquiriría el expresidente de la Diputación de Alicante José Joaquín Ripoll– que te ofrece desde el interés más desinteresado el empresario antes citado, financiador confeso del PP que, casualmente, tenía ambiciones sobre la gestión de las basuras de la Vega Baja y necesita apoyos institucionales?

Tanta sospecha, tanta investigación, tanta UCO y tanta UDEF, tanto informe, en fin, sobre la financiación de los partidos, requería una explicación que fuera más allá del parné soltado por los unos para lograr la contrata, y de la inyección de parné en vena para conseguir el voto o el telesilla en Suiza por parte de los otros, y se adentrara en los inexplorados senderos de los afectos. Ay, el amor. «Te quiero un huevo, amiguito del alma», díjole por teléfono el expresidente de la Generalitat Francisco Camps a Álvaro Pérez ‘El bigotes’ mientras negaba hasta la saciedad que le conociera cuando fue acusado, y posteriormente absuelto, en el asunto de los trajes.

Y al cariño, que en las parejas veteranas es el amor pasado por el tamiz del tiempo, se refirió el exgerente del PP de Madrid en la época de Esperanza Aguirre, Beltrán Gutiérrez, para convencer al juez del caso Púnica de que las donaciones que recaudaba su tesorería entre los empresarios no tenían nada que ver con prácticas corruptas, sino con este altruista, profundo y noble sentimiento. Lo que ni siquiera intentó explicar a su señoría es cómo el cariño degeneró en pornografía y la amistad en prostitución.

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