Ondas gravitacionales, poesía y premios de investigación científica

AGUSTÍN HIDALGO

Agustín HidalgoEl reciente premio Princesa de Asturias de investigación científica y técnica se ha otorgado a tres científicos que han capitaneado un experimento que confirma que una conjetura formulada por Albert Einstein hace cien años era correcta. Para llevar a cabo el experimento ha sido necesario crear un consorcio y la participación de miles de físicos de muchos países, algunos de ellos españoles y radicados en la universidad de las islas Baleares. Sea nuestra felicitación tanto para los premiados como para la esperanza que supone para la humanidad que miles de cabezas pensantes sean capaces de agruparse para abordar y resolver problemas.

El experimento en sí ha conseguido detectar lo que han dado en llamar ondas gravitacionales y que son modificaciones ocurridas en el espacio-tiempo por la fusión de agujeros negros. Las ondas detectadas parece que se generaron, según los cálculos de los científicos, hace tres mil millones de años por la fusión de dos de estos agujeros negros en algún lugar perdido del espacio fuera de nuestro sistema solar. Si le ha costado llegar hasta nosotros unos miles de millones de años, la tal deformación del espacio-tiempo se ha producido en un lugar inaccesible para la percepción humana al que sólo podemos acceder desde la fe en la lógica matemática y desde la poesía, o desde el lugar (los sueños) en que la lógica y la poesía dejan de ser lo que son y se funden en un bostezo galáctico.

Vendrán ahora (ya están viniendo desde el año 2015 en que se produjo la detección de las ondas gravitacionales) avalanchas de conjeturas de lo que pueden aportar tales o cuales nuevos conocimientos para la comprensión del mundo y, sobre todo, del espacio, del espacio-tiempo y conceptos relacionados que caben en la cabeza de muy pocos visionarios alejados, ellos y sus visiones, de la tangible realidad cotidiana. El sólo concepto de espacio en expansión continua hacia un infinito cada vez más amplio y sin límites produce escalofríos, tanto como las dimensiones desbordantes de miles de millones de galaxias con millones de exoplanetas. Y todo ello gobernado y explicado por las leyes de la física, rechazadas por tanto tiempo y tanto entusiasmo por los partidarios de la teoría de la creación.

Alguien ha escrito que los grandes científicos lo han sido porque poseían la virtud de pensar como los poetas. Y parece que sólo en la ensoñación poética (a la que parece que Einstein era dado) es posible concebir tamañas conjeturas o hipótesis científicas, algunas de las cuales, como estas, tardan en verificarse cien años.

A la felicitación, unas reflexiones. ¿Tiene algún sentido concretar en tres personas el fruto del empeño de miles? ¿Tiene algún sentido significar con un  premio, aunque sea el Nobel, tamaña empresa? ¿No es el premio el que sale beneficiado? ¿Por qué otorgar premios singulares a patrimonios de toda la humanidad? ¿Qué justifica la deriva de los premios científicos de los últimos tiempos hacia la ciencia espectáculo o espectacular? ¿Qué sentido tienen las fundaciones que otorgan premios con ánimo de convertirse en antesala de los premios Nobel para lo que no dudan en señalar a, por ejemplo, tecnólogos que producen rendimiento económico inmediato y despreciar sólidas carreras científicas? ¿Existe un aldeanismo más pernicioso que el desprecio de lo próximo y el deslumbramiento por lo ajeno?

Junto a estos científicos que alumbran historias inimaginables se encuentran otros miles que nos hacen la vida llevadera a corto plaza y en la cotidianeidad para los que no sólo no corren buenos tiempos sino que reciben una y otra vez el cáliz del olvido y, por qué no decirlo, de la desconsideración.

Comparte este contenido:

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar