No hacen falta Hogueras para que huela a chamusquina

JESÚS ALONSO

Jesús AlonsoAcabarán las Hogueras de Alicante siendo pasto de las llamas, lo cual no deja de ser una redundancia. Pero pese al final por agotamiento de las mascletás, los petardos, los cohetes, la dulzaina, las verbenas chunda-chunda y otros artefactos con los que se rinde culto al dios Decibelio, el estrépito continuará porque es consustancial a la ciudad al igual que las deposiciones en la vía pública de cánidos y felinos y de súcubos e íncubos con apariencia humana. Cuando concluya el jolgorio y solo queden tímpanos dañados y resacas monstruosas coincidiendo con el solsticio de verano, se reiniciará la traca municipal, un prodigio pirotécnico que, para envidia de los profesionales del ramo, se caracteriza por no extinguirse jamás gracias a una mecha permanentemente alimentada por los señores concejales.

Volverá la normalidad a la urbe y con ella el penúltimo aquelarre consistorial, en el que alcalde y ediles propios y extraños bailarán en torno al puchero en el que se cuece la mandanga desde hace varias generaciones. El retorno a lo consuetudinario pasa, a menos de un año de las elecciones locales, por la puesta al día del enésimo seísmo que soportan los cimientos del Ayuntamiento. La denuncia cursada en Anticorrupción por los grupos de izquierda y la reprobación de Ciudadanos por el fichaje de un espabilado como asesor del gobierno del PP que fue cesado tan apresurada como truculentamente por el alcalde Luis Barcala tras divulgarse que ejercía como consejero de la edil tránsfuga Nerea Belmonte, que previamente había dado con su cheque –digo, voto– en blanco la vara de mando al propio Barcala, tiene todo los ingredientes de un culebrón.

Más todavía si a ello se le añade que la tal Belmonte, integrante en los últimos comicios domésticos de la lista de Guanyar en representación de Podemos, ya había tenido que pasar por el despacho del fiscal para aclarar una supuesta oferta mercantil de la alcaldable socialista Eva Montesinos con el fin de animarla a que volviera al redil ideológico del que salió por piernas cuando se supo que había contratado irregularmente los servicios de un par de conmilitones siendo concejala de Acción Social durante el experimento fallido del tripartito (Guanyar-Compromís-PSOE) que presidió el incompetente y rencoroso Gabriel Echávarri apoyado en los tampoco excesivamente resolutivos ni amigables Miguel Ángel Pavón y Natxo Bellido. Y si encima añadimos al inventario que su inseparable amiga Elsa Martínez, militante del PP hasta la médula y cooperante necesaria en la ruina de la Ciudad de la Luz, complejo cinematográfico del que fue directora, se ha convertido en su sombra en todo este sinvivir, tendremos la garantía de que el bochorno va a continuar durante todo el verano, y más, digan lo que digan los gurús de la Agencia Estatal de Meteorología.

El olor a chamusquina es el aroma natural de la capital de la provincia. No se percibe solo durante las fiestas debido a la combustión de toda clase de materiales y a la explosión a mansalva de variados artilugios, sino a lo largo de todos los días del año. Con los exalcaldes populares Díaz Alperi y Sonia Castedo procesados bajo graves acusaciones de corrupción y con su heredero, el socialista Echávarri, inmerso en dos causas judiciales por fraccionamiento de contratos y por despedir a modo de venganza a la cuñada del actual alcalde mientras era portavoz del PP, entraba dentro de la lógica que Barcala y su tropilla pusieran el punto y seguido. Los fastos deben continuar con toda su estridencia para uso y disfruto de lugareños y visitantes. Señor, qué cruz.

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