La tesis de Pedro Sánchez

JUAN NAVARRO

Juan NavarroFélix Parreño Cano, director durante más de veinticinco años de Radio Popular Cadena COPE en Alicante, era un caballero, educado, muy culto y un gran amigo. Gracias a Parreño, la COPE de aquellos años, franquismo y transición, se caracterizó por unas cotas de libertad que yo no encontré en otras emisoras locales donde colaboré. Buena parte del rojerío alicantino tenía programas en Radio Popular, Aureliano Ibarra 3, Casa Sacerdotal, y para pasmo del Obispo Don Pablo, José Ramón Celdrán, Ernesto Contreras, Pedro Nuño de la Rosa y demás, incluido Pere Miquel Campos, pero este no era rojo del todo, digamos que estaba ligeramente coloreado, tenían programas en la COPE. Yo también colaboré durante varios años en esa apreciada emisora.

Pues bien, Parreño solía afirmar: “Cuando emito una opinión o relato alguna situación, cuento mi experiencia y la de otros y al ponerme como ejemplo no hiero a nadie”.

Todo esto, querido lector, viene a cuento de los “másteres”, tesis doctorales y demás infladas de curricula de la clase política. Fiel a la recomendación del Maestro Parreño y siguiendo su docta enseñanza con el fin de no herir a nadie, cuento mi experiencia: Cuando realicé la tesis doctoral, era condición necesaria haber aprobado la licenciatura, la tesina y la mitad más una de las asignaturas de los cursos de doctorado que duraban dos años. Mi tesis doctoral tardó seis años, uno más que la carrera de Ciencias Químicas y no porque no le prestase poca atención, más bien fue la elección del tema: la nutrición de la viña; elegir ese cultivo de una cosecha anual, tuvo un inconveniente ya que si hubiese elegido los cítricos o el tomate, el tiempo de la parte experimental se hubiese reducido a la mitad o tercera parte. Si a tres años de experiencia de campo le añades uno de revisión bibliográfica, dos de análisis y ensayos de laboratorio y otro más para escribirla, aplicarle métodos matemáticos, estadísticos y termodinámicos, todavía creo que duró poco tiempo.

Al ser el tema a investigar, al menos en Ciencias, algo inédito, en ocasiones ibas perdido, buscando luz entre miles de datos e incluso cuando encontrabas el camino, resulta que era un camino equivocado y el director de la tesis te volvía a direccionar por la senda adecuada de tal forma que lo realizado hasta entonces era inservible. Realizar una tesis doctoral hace treinta años era una tarea muy dura y baste un ejemplo: las tesis se escribían con máquina de escribir, no existían los ordenadores personales como ahora.

Superados los obstáculos y escrita la tesis con sus conclusiones, un ejemplar se depositaba en la Comisión de Doctorado a disposición de cualquier ciudadano que quisiera leerla, asimismo se publicitaba por los medios habituales de la universidad con el fin de conseguir la máxima difusión para su lectura y garantizar de esta forma ausencia de plagio, copia o aprovechar el trabajo realizado por otros y si ello ocurriese, se pudiese denunciar ante las autoridades académicas. Tras un mes de exposición pública, el doctorando podía defender la tesis doctoral frente a un tribunal y posteriormente podrían escribirse varios artículos para publicar en revistas científicas especializadas y poner al alcance de cualquier interesado los resultados obtenidos y la forma de obtenerlos. En mi caso personal, leer la tesis doctoral y publicar seis artículos en la revista Plant and soils ha sido uno de los momentos más felices y reconfortantes de mi vida por lo que significó de esfuerzo, abnegación, horas dedicadas a observar, deducir, volver a observar, analizar y posteriormente haber obtenido unas conclusiones importantes. Hoy, querido lector, es difícil encontrar en el Valle del Vinalopó viñas cloróticas, es decir con hojas amarillentas, y ello es debido a los trabajos realizados, no sólo por mí sino también por el equipo de investigación al que pertenecí.

Pero el personal, al igual que los estados de la materia, tiende a la mínima energía (por eso estamos mejor sentados que de pie o acostados mejor que sentados, pues tenemos menos energía potencial), y necesita menos esfuerzo para cursar un “máster” que realizar una tesis doctoral. No es lo mismo tener que plantear un proyecto científico a desarrollar que acudir a las aulas a recibir unos conocimientos y que diferentes profesores te cuenten tal o cual “milonga” y al final, tras un trabajo que posiblemente acabe en la basura académica, te donen un título de aprovechamiento con el fin de que puedas incluirlo en tu currículo.

La universidad, fiel observadora de la situación, ha encontrado en los “másteres” una importante fuente de financiación y si la universidad encuentra una fuente de financiación, obviamente la encuentra también el profesorado salvo excepciones. Ello apoyado con el plan “Bolonia” de nuevos estudios y nuevas formas de conseguir titulaciones ha generado la proliferación de dichas especies académicas y teniendo en cuenta el precio medio de 3.000 euros deducirán el interés de las autoridades académicas para promocionar este tipo de “titulitis”. Pero no es lo mismo ser un alumno que se matricula en un “máster”, paga religiosamente, asiste a clases y aprueba los exámenes, realiza el trabajo de fin de máster y luego recibe un título, que ser un cargo de la administración, autonómica o estatal, y que la consejería o el ministerio o la secretaría de estado financie el máster y se te excluya de acudir a las clases, de examinarte y sobre todo de pagar los 3.000 euros que cuesta. Y esto es lo que ha pasado con Montón, seguro, y con Cifuentes y Casado con toda probabilidad.

Leire Pajín, que tardó 10 años en aprobar la carrera de sociología y Bibiana Aído, otra que tal danza, financiaron a la Universidad Juan Carlos I con 399.999 euros para realizar una serie de trabajos acerca de la igualdad y demás, entre ellos el famoso máster de Montón. Nuestra heroína Carmen de Burjassot se apuntó rauda al máster, se matriculó tarde, olvidó pagar y por olvidar incluso olvidó donde recibió las clases, si en Getafe, Leganés, Alpedrete o Mansilla de las Mulas, al final fue en Vicálvaro pero como ella no asistió pues eso. Asimismo, realizar el trabajo fin de máster era una pesadez y para eso están las secretarias y asesores, copia de aquí, pega por allá, descarga por acullá (los recuerdos suelen, contarte mentiras, se amoldan al viento y amañan la historia, por allí se encogen, por aquí se estiran (Serrat, Versos en la boca, 2002), y al final entregas el bodrio copiando y machacando el esfuerzo de otros y te dan el ansiado título. Mientras otros estudiantes sí que han cumplido la obligación de asistencia, estudio, examen, pago, realización del trabajo y su defensa ante un tribunal académico. Por ello han pasado, los estudiantes, del enfado al cabreo y de éste al escepticismo y al repudio más absoluto

Siendo esto grave no es lo peor y ahora, querido lector, volvamos a la cuestión que nos ocupa. Apliquemos el modelo del máster a la consecución de un título de doctor. El mecanismo es el mismo pero los resultados son diferentes a favor de la tesis doctoral.

En primer lugar: la tesis doctoral es el final de los estudios universitarios y por ello no se obtiene aprobado, notable o sobresaliente, sino apto o no apto. A ello, si la tesis es brillante y la defensa también, por acuerdo unánime del tribunal se le puede añadir cum laude no “matrícula de honor” pues ya no puedes continuar estudiando esa disciplina, se ha llegado al máximo grado académico: Doctor.

En segundo lugar: un máster no es automáticamente reconocido en otros países fuera de la UE, y será necesario su homologación si procede, sin embargo la tesis doctoral está universalmente aceptada y son extraños los casos en que el doctor tengan que homologar sus estudios. En tercer lugar: el título de doctor habilita al poseedor del mismo a presentarse para catedrático de universidad cosa que el máster o la licenciatura no lo permite. Asimismo, ser catedrático es condición necesaria, aunque no suficiente para ser rector de universidad.

Durante la década de los ochenta y con el partido socialista en el poder, fueron cientos, mil veces mil, un millón, que decía Machado, los miembros del partido que realizaron sus tesis doctorales y se presentaron a diferentes cátedras. Imagino que habrá muchos que llegaron a la política tras haber sido catedráticos, pero es la excepción que confirma la regla. Personalmente sólo conozco a uno: Javier Solana Madariaga, profesor mío en la Universidad Autónoma de Madrid y catedrático de Física del Estado Sólido. El caso más conocido últimamente es el de la vicepresidenta del Gobierno Carmen Calvo, catedrática de Derecho Constitucional, y cuyas intervenciones en el contencioso catalán demuestran un absoluto desconocimiento de la Constitución.

Pues bien, aplicando la teoría del Máster de Montón a Pedro Sánchez, podremos entender la forma desarrollada por el presidente del Gobierno para obtener su doctorado en la Universidad Camilo José Cela, cuyo rector, por aquella época, era Rafael Cortés Elvira, secretario de Estado para el deporte del gobierno socialista de Felipe González.

Hoy existen muchas dudas acerca de la tesis doctoral del presidente del Gobierno, dudas razonable que se refieren al uso de ayudas por terceras personas que se han dedicado a realizar capítulos del trabajo, otras dedicadas a la revisión bibliográfica, pero la acusación más grave se refiere a que la tesis la ha podido realizar otra u otras personas y firmarla el presidente y que determinados capítulos han sido copiados de otras publicaciones o libros editados sin la más mínima referencia bibliográfica y ello es muy grave.

Por ello, al igual que hubo una época que se tenía que depositarse la tesis doctoral en la Comisión de Doctorado y una vez leída y aprobada, quedaba a disposición de cualquier persona, estudioso del tema o no, sería bueno que para evitar malos entendidos y deshacer equívocos, el Presidente del Gobierno autorizase a consultar, fotocopiar o descargar por cualquier medio, el ejemplar de su tesis doctoral. Porque si no hay nada que esconder, ¿para qué esconder una tesis?

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Comentarios   

0 #2 rollex 11 14-12-2018 07:58
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0 #1 rollex 11 14-12-2018 07:56
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